DE PASEO EN TRINEO DE PERROS EN FORMIGAL FORMIGAL EN FAMILIA

DE PASEO EN TRINEO DE PERROS EN FORMIGAL FORMIGAL EN FAMILIA

Este año volvimos a Formigal, como cada invierno. Sin embargo, en esta ocasión, decidí que la experiencia sería diferente. Aunque suene raro, todo empezó en la consulta de mi fisioterapeuta.

Acudí a él para aliviar un molesto dolor lumbar, que me acompañaba desde hace días. Después del correspondiente masaje y de recomendarme algunos estiramientos para hacer en casa…acabó diciendo que me desaconsejaba seriamente esquiar… ¡¡¿¿Qué??!!

Sólo faltaban dos días para irnos…llevaba todo el año esperando…estaba deseando comprobar si seguía recordando todo lo aprendido …  volver a usar mi nueva tabla…vivir  una vez más la sensación de deslizarme por la nieve (casi sin caerme, por fin)…. ¡tenía que estar de broma!

Por un segundo, reconozco que sentí tal agobio, tal frustración, que hasta creo que me entraron ganas de llorar de la rabia…pero no. No llegué a hacer ese ridículo.

Entonces me dije: “¿De verdad esto supone un problema como para sentirse así de mal? Pues gracias que esto es todo de lo que puedes quejarte, ¿no?. Menudas preocupaciones de niña pija que me tienes…”

Y de repente, cambié el chip y al segundo, ya estaba maquinando:” Pues ya que este año no puedo esquiar, tendré que aprovechar el tiempo que tendré libre para hacer otras cosas interesantes”.

Y lo tuve claro. Ahí lo decidí. Este año, por fin, haríamos MUSHING.

Y al día siguiente, me puse manos a la obra.

LA DECISIÓN

Las ganas de probar el mushing (o el paseo en trineo de perros) ya venían de hacía tiempo. Desde un año que vimos los trineos de perros en la estación de Formigal (creo que en la parte de Sarrios), siempre quisimos probarlo. Pero, nunca volvimos a ver los trineos por allí, y entretenidos con el snowboard, la visita a los amigos, y luego con la incorporación del Pequeño Explorador, al final era una idea que se había quedado aparcada.

Pues éste sería el año. Ya está.  Que no puedo esquiar, pues..no pienso quedarme de brazos cruzados, estando en un lugar tan especial, sólo por una lesión inoportuna.

RESERVA

Después de buscar por internet, y preguntarle a nuestro amigo de Biescas, averiguamos que la única empresa que ofrece este tipo de actividad en la zona, es Tena Park .

Ofrecen actividades de nieve muy variadas, ideales para hacer en familia. Además del paseo en trineo de perros (conducido por tí o por un musher), puedes aprender a hacer un iglú (incluso pasar la noche en su interior), montar en moto de nieve, etc.(más información aquí)

 

Son una gente muy maja, y reservar a través de su página web es muy sencillo.

Para  poder llevar al peque, y disfrutar del paseo al máximo, nosotros elegimos el paseo con un musher. En esta opción, pueden ir en el mismo trineo dos adultos y un niño, o dos niños y un adulto, y el trineo lo lleva un guía.

Nosotros seríamos dos adultos y el Pequeño Explorador.

Tengo que admitir que estuve varios días pensándolo antes de reservar. Me parecía una experiencia cara, la verdad. Muy cara. Serían dos horas de entretenimiento ¡por 280€! Una pasta.

Pregunté a mis amigos, por si alguien lo había probado, para saber si merecía la pena, pero nadie lo había hecho; valoré los pros y los contras…y llegué a una conclusión- a la que llego mucho últimamente-: “¿Y si no tengo otra oportunidad de hacerlo? ¿Y si realmente es una experiencia que merece lo que cuesta? Solo hay una forma de saberlo, ¿no? ¡al carajo! Vamos a hacerlo, y ya nos cortaremos en otros gastos ”

Y ahí me ví, dándole al click, y con un buen pico menos en la cuenta.

EXPERIENCIA

El día reservado, como estaba ya previsto, no podía haberse presentado mejor: solazo. LLegamos a la hora acordada, al punto que nos indicaban en el mail de confirmación de la web (pasando Tramacastilla de Tena)

LUGAR DE ENCUENTRO CON EL GUÍA

La verdad, es que no teníamos ni idea de cómo iba a ser la actividad. La nieve se veía aún algo lejos, no sabíamos cómo íbamos a llegar hasta ella. Pero llegó David, nuestro guía de Tena Park, y enseguida resolvimos las dudas. Subiríamos en todo terreno por un camino de tierra, hasta llegar a un valle,ya nevado.

Y, lo mejor era que para alcanzar la zona donde estaban los trineos, ¡sorpresa! , iríamos en moto de nieve. Otra nueva (e inesperada) experiencia.

El trayecto no fue muy largo, y las motos no eran demasiado potentes, pero eran más que suficientes para el recorrido del que se trataba, y para nuestros nulos conocimientos. ¡Qué divertido! ¡ Qué adrenalina por unos minutos! Por supuesto el Pequeño Explorador estaba encantado. Iba con el monitor, gritando y pidiendo más caña…(se nota que lo de las motos, -del tipo que sean-, lo lleva en los genes)…

Y por fin vimos el trineo. Una docena de perros nos esperaba al sol, preparados para llevarnos de paseo. Llegamos junto a ellos y el musher nos presentó a todos los perros. Pudimos hacerle preguntas sobre su adiestramiento, las condiciones en las que trabajaban, etc. Aprendimos mucho con Edwing, nuestro musher, un chico de Colombia, que decidió abandonar su carrera de ingeniero y dedicarse a lo que realmente le llenaba: vivir en la montaña y correr con sus perros (con los que también compite)

Nos colocamos en el trineo como nos indicó, nos abrigamos un poco, y empezó el paseo.

El recorrrido fue por el valle nevado en el que nos encontrábamos y duró unos 25 minutos, tiempo más que suficiente para disfrutar de un paseo muy divertido y agradable. Además no podía prolongarse más, pues los perros, en un día tan soleado se cansan antes, y por supuesto, había que tener en cuenta su bienestar.

En ese ratito, sólo el paisaje que nos rodeaba, poder movernos por la nieve los tres juntos, ver correr a los perros justo delante de nosotros…hizo que mereciera mucho la pena. Fue único.

Por un momento pude imaginar cómo serían aquellos tiempos, en los que desplazarse así, era lo común en algunos lugares del mundo. También pudimos comprobar lo bonita y especial que es la relación de compenetración que hay entre un musher y sus perros. Solo con algunas indicaciones, los perros guías entendían a dónde tenían que ir.

También pude probar a llevar el trineo, (eso sí, con las indicaciones del musher de verdad , que es a quien los perros hacen caso).

OPINIÓN

Si me preguntáis si repetiría la experiencia, por el elevado precio que tiene os diría que no, que vivirlo una vez es suficiente para saber lo que se siente. Pero también os digo, que me parecieron 280€ muy bien invertidos.

Probar la moto de nieve, disfrutar del paseo, conocer más de los perros y de su modo de vida, llevar un trineo así por unos minutos… no es algo que podamos hacer todos los días, ¿no?

¿Habéis probado un paseo en trineo de perros?¿Si lo habéis hecho, qué os ha parecido? ¿Alguien con ganas de probar?

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