CERRANDO ASUNTOS PENDIENTES EN IRLANDA. TERCER VIAJE CON EL PEQUE

CERRANDO ASUNTOS PENDIENTES EN IRLANDA. TERCER VIAJE CON EL PEQUE

“Pues tendremos que volver”, es la típica frase que se repite cuando termina un viaje y no has podido ir a ver un sitio emblemático de la zona en la que estás, y que dudas de que puedas realmente cumplir según lo lejos que esté ese destino. Pues eso nos había pasado con los acantilados de Moher, en Irlanda.¡Allá que nos fuimos!

 

Hace ya muchos años que visitamos Irlanda por primera vez. Por aquel entonces vivíamos en Reino Unido como estudiantes y trabajadores a tiempo parcial. Aquel año lo exprimimos al máximo y visitamos todo lo que pudimos, aún sin tener ni una perra chica. Viajábamos con la mochila cargada de víveres (muchas veces era un paquete de pan de molde, y un bote de nutella o fiambre y alguna cosilla más), nos movíamos en autobús y si dormíamos fuera, lo hacíamos en hostels (pero permitiéndonos el lujo de no compartir habitación), o dormíamos en casas de amigos.

Aprovechamos excursiones organizadas por la Universidad donde estudiaba y fuimos a Brighton, y Oxford, y luego por nuestra cuenta fuimos a Edimburgo, Birmingham, Manchester, Nottingham y con la excusa de visitar familiares y amigos a Londres varias veces , a Bristol y a Cardiff.

Una de esas amistades, mi mejor amiga en concreto, estaba pasando 6 meses en Dublin, así que nos fuimos un fin de semana a conocer la ciudad, con un vuelo doméstico muy barato (en los orígenes de Ryanair, cuando solo llegaba a Valladolid y a cuatro destinos más en España).

Fue un viaje corto, y hace ya tantos años que, este año cuando Ryanair –una vez más- llegó a nuestra ciudad ofreciendo vuelos directos (un sueño para todos los vigueses ya muy hartos de pasar por Madrid para ir a cualquier sitio) y viendo que uno de los destinos era Dublin…nos dijimos:¡ Ya tenemos destino para nuestras próximas vacaciones!

Así que, primer paso: elegir fechas.

Todos sabemos que el clima por aquellas latitudes no es demasiado amable en invierno, y que la lluvia y el frío pueden cambiar bastante el resultado de tus vacaciones, y más si vas con un niño de casi dos años, así que …queríamos un vuelo ya hacia primavera. Como nuestro peque cumplía los dos años a finales de mayo y antes de esa edad, los vuelos son más baratos para los niños, cogimos un vuelo de domingo a jueves a mediados de mes. Todo encajaba. El precio de los vuelos rondaron los 200€ en total,así que genial.

Segundo paso: elección de la ruta y reserva de coche

Sabíamos que queríamos llegar a los acantilados de Moher, pero sin agobios y pasando por sitios que pudieran resultar interesantes. Así que nos pusimos manos a la obra. Teníamos claro que nos moveríamos en coche (¡conduciendo por la izquierda!). Lo alquilaríamos en el aeropuerto(lo reservamos antes de ir en www.sixt.com y salió bastante económico).

Después de analizar a fondo con Google Maps, los pueblos de camino, las distancias y los tiempos aproximados que nos llevaría llegar , y limitando el trayecto en coche por día a un máximo de 3 horas para que tanto nosotros como el peque lo llevásemos mejor, decidimos hacer la siguiente ruta: 1er día Dublín- 2º día Dublín-Athlone-Galway-3er día acantilados de Moher-Limmerick- 4º Día Limmerick- Dublín-5º día Dublín Aeropuerto.

Tercer paso: elección de hoteles

Una vez decidida la ruta, nos pusimos a  buscar hoteles, como siempre que no saliesen demasiado del presupuesto, pero siguiendo nuestra idea de que la comodidad a la hora de descansar, y sobre todo las comodidades para el peque eran lo principal.

Solemos utilizar varias webs para encontrar los mejores hoteles en relación calidad/precio/situación y siempre acabamos encontrando sitios que se adaptan a lo que necesitamos. En otro post os contaré cuáles son estas webs y cómo nos aseguramos de que no nos llevaremos sorpresas desagradables.

Cuarto paso (día antes): hacer las maletas

Con la idea de que en cualquier momento la lluvia o el frío podían hacer acto de presencia, llevamos ropa más bien de invierno. Para el peque me hice con unas botas tipo katiuskas y un impermeable fino para poder ponerle por encima de cualquier cosa si llovía, y ropa de abrigo. También una braga para el cuello para protegerlo un poco si hacía viento. Por lo demás ropa y calzado cómodo para caminar. Y la verdad es que aunque no hizo demasiado frío y solo lloviznó un poco el último día, terminamos usando todo lo que llevamos así que, acertamos.

Y empieza el viaje…

El primer día y el último , lo pasamos en Dublin. Nos alojamos en el Travelodge de Phoenix Park. Es un hotel austero, pequeño, cómodo,  bastante bien de precio para una habitación triple, y buena calidad. Aunque está un poco a las afueras, está bien comunicado con el centro en autobús urbano.Tardas unos 20 minutos, cuesta 2 euros aprox. por persona y es además, toda una experiencia para el peque. El autobús era la mejor opción, porque aparcar en el centro de Dublin no nos parecía fácil, y más para nosotros que conducimos normalmente por el lado contrario…

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TRAVELODGE PHOENIX PARK

Nuestra intención era que algún día pudiésemos visitar el Phoenix Park, el parque más grande de toda Europa, pero finalmente nos dimos cuenta de que ese plan estaría bien teniendo más días, y cuando el peque realmente lo aprecie. Ahora cualquier parque es lo suficientemente grande para que lo disfrute corriendo de un lado a otro acabando agotado (……”Pues tendremos que volver”).

El centro de Dublin es relativamente pequeño, es muy llano y puede conocerse a fondo andando (y con el carrito) sin problema. Su barrio más famoso, el Temple Bar, está lleno de pubs donde la música en vivo, y la comida son su mejor reclamo. Sólo por el ambiente de la calle principal, a veces con puestos callejeros y mucha mucha música, ya merece la pena una visita a esta ciudad. El pequeño explorador disfrutó muchísimo viendo cómo tocaban, bailando…para él era toda una fiesta. Además es un destino perfecto para una escapada corta,  con un fin de semana tenéis tiempo suficiente de conocer lo más llamativo de la ciudad.

Músico en Temple Bar
MÚSICO EN TEMPLE BAR

La verdad que a pesar de los años que habían pasado, todo estaba más o menos como lo recordábamos , así que no hicimos demasiadas fotos y la mayoría eran del peque (mis disculpas)…

Al día siguiente, nos marchamos camino a Galway. La verdad es que aunque para nosotros conducir por la izquierda merece una atención y concentración mayor, las carreteras, la señalización y el modo de conducir de los irlandeses hacían que no fuese tan complicado como podía parecer. Asusta un poco ver cómo te adelantan por la derecha, y en los cruces y rotondas tenías que ir bien atento para que tu inercia española no te hiciese girar por donde no era, pero por lo demás… sin problema.

Los paisajes saliendo de la ciudad eran de postal:prados, bosques y vacas…tal y como te imaginas la Irlanda más auténtica.

La primera parada fue en Athlone. Un pueblo pequeño pero con mucho encanto. Está a medio camino entre Dublín y Galway. Es una parada perfecta para estirar las piernas y dar un pequeño paseo. Después de un par de horas seguimos camino a Galway.

ATHLONE
ATHLONE
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ATHLONE CASTLE

Y llegamos a Galway.Ésta es una de las ciudades más importantes de Irlanda.  Nosotros cometimos el error de dedicarle solo una tarde, y la verdad es que bien merecía un día entero al menos. Su calle principal la Shop Street está lleno de tiendas, entre ellas tiendas tradicionales donde ver desde instrumentos musicales típicos irlandeses, prendas de punto también típicos irlandeses (punto Aran), juguetes artesanales…

Casi todos los puntos de interés se concentran alrededor de esta calle, por lo que es también una ciudad muy fácil de recorrer a pie y con carrito. El Latin Quarter, un barrio lleno de pubs y restaurantes, está en uno de los extremos de la calle y por supuesto la música en directo es uno de sus atractivos. La Catedral de San Nicolás, el castillo Lynch y el paseo por la ribera del río Corrib son otros puntos de interés por la zona. Para nosotros fue todo un descubrimiento y en mi opinión, puede que no tenga mucho que envidiarle a Dublín centro.

Para alojarnos en Galway, la mejor opción  que encontramos fue alquilar un apartamento por Airbnb. Nos salió  más  barato que una habitación triple en un hotel, y con algo de comida que habíamos comprado, nos ahorramos al menos el desayuno del día siguiente.En otro post os contaré  nuestras experiencias con Airbnb.

 

Al día siguiente, salimos por fin para Moher.

Aunque está a 75 kms de Galway, las carreteras a medida que nos íbamos acercando al destino se volvían cada vez más sinuosas y estrechas, por lo que se conduce lentito y puede llevar más tiempo del esperado. El paisaje cambió totalmente. Ya no había prados ni vacas, si no un paisaje costero rocoso, de piedra caliza, y en zonas podría decir que casi era un paisaje lunar (Burren National Park).

 

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the-burren

Paramos a comer en Doolin , en un puestecito pequeño a borde de carretera en la que tenían 3 o 4 platos semifríos pero con una terracita muy cuca. Tuvimos tanta suerte con el tiempo, que pudimos comer en el jardín.

La verdad es que la oferta hostelera, al menos por donde nosotros fuimos, no es muy amplia, por lo que llevar algo de comer con vosotros es muy buena idea.

Y después de comer llegamos por fin a Moher. La verdad es que todo lo que os diga se queda corto para describir aquel paraje. Hay que verlo in situ.

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CLIFFS OF MOHER

Al llegar hay una zona habilitada para aparcar (costó  unos 8 euros y no hay más  remedio que aparcar allí). De allí hay que andar un ratito para llegar a la zona de los acantilados. No es lo más cómodo, pero es la única manera de organizar el trasiego de vehículos y autobuses que recibe aquel sitio cada día. Nos llevamos el carro, porque como os digo, la caminata era bastante larga, pero una vez llegamos a los acantilados, para poder al menos recorrer un tramo de la zona habilitada en el borde y verlos más de cerca, lo “aparcamos” en un lateral y mi fornido marido, se puso al peque a los hombros para poder seguir.

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CLIFFS OS MOHER (¿veis la gente en el borde?)

La zona habilitada para recorrer el borde, es muy estrecho, y está a bastante distancia del borde real del acantilado por lógicas cuestiones de seguridad. Aún así, mucha gente, la mayoría, se saltaba las cuerdas o piedras que marcaban el límite para disfrutar aún más de las vistas y hacer más fotos desde ángulos más espectaculares. Mucha prudencia con eso, pues a nosotros como veis nos tocó un día precioso, pero con viento…la cosa puede ser aún más peligrosa.

Después de un par de horas por allí, paseando por el borde, haciendo fotos de postal y curioseando en las tiendas de souvenirs que hay enclavadas en la entrada muy acorde con el paisaje, nos fuimos a Limmerick donde dormiríamos esa noche.

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ENTRADA A LA TIENDA, PEQUEÑO MUSEO Y CAFETERÍA

 

La segunda parte del viaje fue mucho menos atractiva. Por supuesto disfrutamos de cada momento, y de cada lugar, pero ni Limmerick a simple vista nos pareció demasiado atractivo ni tampoco nos pareció que Adare, uno de los pueblos, según algunos, con más encanto de Irlanda fuese para tanto.

Precisamente por los comentarios y espectaculares fotos que habíamos visto de Adare y por su cercanía a la ruta que habíamos marcado, decidimos visitarlo y la verdad es que llamarlo pueblo..le viene incluso grande. Es básicamente una calle, donde algunas, no todas, las casas tienen más de cien años, con un tejado de paja muy original.

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Tiene una catedral, un parque bonito pero muy pequeño y sobre todo una enorme tienda de souvenirs. A la entrada del “pueblo” hay un castillo que parece ser tiene unos jardines impresionantes, pero cuando nosotros fuimos estaba cerrado. Y no dudo de su valor histórico y pintoresco,pero sigo sin entender muy bien porqué valoran tanto este pueblo, pues o bien se han ido perdiendo las casas típicas, y las pocas que quedan las están promocionando mucho, o realmente eran 4 casas a las que han sabido sacarle todo el partido posible. Creo sinceramente, que cualquier pueblo con menos encanto, más desconocido pero con más autenticidad habría merecido más una visita.

Esa noche volvimos a dormir en Dublin.  Esta vez en otro Travelodge pero cerca del aeropuerto pues saldríamos al día siguiente muy temprano. Realmente os recomiendo esta cadena de hoteles, pues aún siendo distintos entre ellos, los precios, la calidad y la ubicación están muy bien.

Y así terminamos un viaje en el que nuestro peque disfrutó muchísimo, incluso aprendió a decir” hello” (es lo que tiene ir en autobús, o al parque con él, que enseguida socializa), nosotros por fin nos quitamos la espina de ver unos de los paisajes más impresionantes de Europa que teníamos clavada desde hacía años, y una vez más comprobamos que viajar con el pequeño explorador es una de las mejores experiencias que podemos vivir juntos.

¿os parece un buen destino para una escapada familiar? ¿os animáis a haceros un mini road trip con vuestro peque conduciendo por la izquierda?

 

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