CONFESIONES DE UNA ESCRITORA DE LO TRISTE REFLEXIONES ANTES DEL PRÓXIMO DESTINO

CONFESIONES DE UNA ESCRITORA DE LO TRISTE REFLEXIONES ANTES DEL PRÓXIMO DESTINO

Si un día me decidí a abrir este blog, fue porque en él, reúno dos de mis grandes pasiones: viajar y escribir.

Escribir sobre viajes es relativamente fácil. Se trata de narrar lo que te va sucediendo en cada destino, y describir las sensaciones e impresiones que te llevas de cada lugar.

Pero escribo sobre otras cosas también, y paradójicamente, a veces los sentimientos más felices y positivos me resultan los más difíciles de expresar por escrito.

A mí me ocurre, que sentimientos como la nostalgia, la soledad, la incomprensión, el sentimiento de pérdida o la tristeza, me conmueven tanto, que escribir sobre ellos es casi un acto inconsciente.

Como me dijeron una vez, resulta un proceso casi “catártico”, en el que esas emociones tan negativas y dolorosas que hay en mí, fluyen y salen hacia el exterior de una manera involuntariamente liberadora. En esas ocasiones, la palabra escrita me resulta el único vehículo viable para expresar sentimientos, a veces imposibles de verbalizar.

Además de ese ejercicio de purga, escribir sobre esos sentimientos oscuros, tiene también algo de satisfactorio, pues acaba teniendo como resultado algo que aporta luz y belleza, al menos para mí.

Y esa es la verdad: pocas cosas me resultan más inspiradoras y provocan en mí más creatividad que lo triste, lo gris, lo angustioso.

Y es cuando me siento feliz, cuando más me cuesta trasladarlo al papel.

Soy una escritora de lo triste, quizás.

Es por eso que hoy, en un empuje espontáneo e inexplicable, me lanzo a intentar expresar por escrito todo lo contrario a lo habitual.

Estoy a punto de cumplir un sueño que me acompaña desde hace mucho. En unos días, vamos a poner rumbo, a uno de los destinos más ansiados de mi interminable lista de lugares por conocer. Aún me cuesta creerlo.

Siento ese acelerón del corazón, cuando sabes que algo que realmente te hace feliz, está a punto de suceder. Ese entusiasmo que sientes, sólo imaginando que llega ese día, en el que por fin se va a cumplir ese deseo que tanto anhelabas. Ese vértigo que provoca lo que aún te es desconocido. Llevo conmigo, sin darme cuenta, esa perenne sonrisa interior, solo por pensar en lo que sucederá en unos días…Siento ahora mismo, una de las mejores sensaciones que me da viajar.

Es cierto que todo esto me pasa en los días previos de cualquier viaje a lugares que no conozco…pero éste es especial. Toda esa maraña de emociones se intensifican hoy hasta el infinito, y lo disfruto tanto como el viaje en sí.

Como el hambriento que se deleita, sin prisa,  con el aroma de su plato favorito, humeante, en la mesa, justo antes de llevárselo a la boca. Como si ya lo estuviese saboreando, con solo olerlo.

Es relamerse con la idea de lo que viene.

Reconozco que además de que las palabras remoloneen en mi cabeza, y se nieguen a salir con fluidez, siento cosas inesperadas e incomprensibles.

Miedo, por ejemplo.

A que no llegue ese esperado día. A que algo se tuerza en el último momento, y todo lo que he imaginado se quede en nada. A que algo salga mal, y no se puedan llevar a cabo mis planes. Miedo a que las expectativas no se ajusten a la realidad. Miedo a la decepción.

Y las sensaciones más sorprendentes y difíciles de entender incluso para mí: culpabilidad y nostalgia.

Quizás culpabilidad no sea el término adecuado. Pudor, timidez, rubor… Me cuesta encontrar el adjetivo exacto (¡despertad palabras de mi cabeza!). En resumen, es una cierta sensación de reparo, que noto cuando cuento mis planes a alguien. Incluso, sin darme cuenta, apaciguo un poco mi emoción, por miedo (de nuevo) a que mi entusiasmo se reciba equivocadamente como vanidad o engreimiento, cuando es solo pura felicidad.

Y siento nostalgia. Nostalgia de lo que aún no fue.

Aún no me he ido, y no puedo evitar pensar en lo rápido que pasarán allí los días; en todos los sitios que me encantarán y a los que probablemente nunca voy a volver; en todos los que me quedarán por conocer… Definitivamente soy una escritora y una pensante de lo triste.

En fin, que con todo esto, lo que intento dejar claro – por una vez- , es lo emocionada, entusiasmada, ilusionada, impaciente, nerviosa y feliz que me siento ahora mismo, cuando faltan tan solo unos días para iniciar nuestro viaje.

No puedo evitar que mi mente ya esté en parte allí, en el lejano oriente. Es imposible ya, no imaginarme pisando aquellas tierras.

Por fin,en unos días, se cumplirá mi sueño, mi imposible, mi pequeña aventura: Japón nos espera.

Y nosotros a él.

 

 

 

 

 

 

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