LO QUE ME NEGUÉ A CREER SOBRE SER MAMÁ

LO QUE ME NEGUÉ A CREER SOBRE SER MAMÁ

 

 

Entre las muchas frases que te hacen entrar en pánico cuando eres “premamá” tan útiles y agradables como…:” duerme ahora porque luego ya no vas a dormir”,”yo, cuando me quedé embarazada engordé 20 kgs. de los que ya nunca me deshice” “prepárate que esto sólo va a peor”, etc. etc. la que más me dolía a mí era ésta: “Bueno, ahora ya se os acabaron los viajes, hazte a la idea”

“Pues … Me niego! Pienso demostrarte por narices que te equivocas”. Esta es la conclusión a la que llegué después de un tiempo del nacimiento de mi hijo, por supuesto…al principio no lo veía tan claro.

Una vez pasado el tiempo que yo llamo de “caos” o “revolución”, empecé a darme cuenta de que mucho de lo que oyes a tu alrededor sobre la maternidad, es un timo.

Con el paso de las semanas, me di cuenta de que mi vida como persona individual no tenía por qué terminar al convertirme en mamá. Que no te engañen. Sólo hay que cambiar el chip. Al menos eso es lo que he hecho yo.

Cuando una va anunciando que próximamente será mamá, de repente todo el mundo, tanto los experimentados en la materia como los que no, empiezan a emitir opiniones sobre lo que nos espera. Obviamente los que te quieren, lo hacen inmediatamente después -o casi-, de decirte “enhorabuena “y con toda la buena intención del mundo; pero lo hacen.

Empiezan a caerte una lluvia de consejos no pedidos, recomendaciones varias, y opiniones sobre lo que es bueno o no, tanto para el niño que esperas, como para ti, tu pareja, tu trabajo, etc. Desde si es necesario hacerte un seguro privado, hasta ir pensando en la fecha del bautizo para reservar sitio o cómo se llamará, o si le darás teta o biberón… Sin mencionar a los más odiosos, que te contaban su experiencia, con detalles que bien habrían podido pertenecer al guión de cualquier película de terror gore y que nunca supe con qué propósito lo compartían conmigo.

En fin, mil y un comentarios que te hacen sentir durante un tiempo como si estuvieses dentro de un huracán: tú estás en el centro y un montón de personas giran a tu alrededor hablando y hablando sobre algo totalmente nuevo, ilusionante y aterrador para ti: ¡vas a ser mamá!

Hubo muchos comentarios de los que no hice caso, (a los odiosos, los primeros claro) y a otros, porque eran temas que tenía bien claros (temas relacionados con si dar pecho o no, si bautizarlo o no, etc), otros me valieron de mucho, y me sirvieron para evitar pérdidas de tiempo o de dinero como mamá novata que era: cachivaches que no sirven para nada, algunos temas higiénico-sanitarios del día a día de un bebé, etc. Pero hubo un comentario en concreto, entre los muchos que no me gustaba oír, que me bloqueó durante un tiempo:

“Bueno, ahora ya se os acabaron los viajes”

¡Horror! ¡Pánico!¿Tenían razón? ¿Qué había hecho? ¿Podría vivir feliz con ese sacrificio? ¿No había alguna manera de poder seguir viajando?”

Lo peor fue pensar durante un tiempo, que los que decían eso tenían razón. ¡!Mentira!!

En aquel momento, casi todo lo que implicaba ser mamá me daba miedo: los cambios físicos, el parto, y todo lo que vendría después, claro: cómo compatibilizaría cuidar a mi hijo con el trabajo, cómo nos apañaríamos en nuestro pisito de 60 m2, ¿me dejaría dormir por las noches? ¿Sabría cocinar lo que necesitase una vez pasase la época de la lactancia? ¿Mi cuerpo quedaría hecho un cuadro? ¿Nos darían nuestros sueldos para vivir decentemente? En fin….mil miedos que a veces llegaban a asfixiarme si me los planteaba todos a la vez. Supongo que como a todas.

El caso es que ese miedo, el no poder viajar más…me corroía. Era como renunciar a una parte de mí.

A medida que he ido creciendo y casi sin darme cuenta, he ido descubriendo dos cosas que realmente me satisfacen cuando las hago: montar en moto-mejor si es conduciendo, pero también yendo de “paquete”- y sobre todo VIAJAR.

Las dos cosas me dan vida (sí, mi hijo lo que más, claro, pero él vino después y estoy hablando de mi yo “antes-de-ser-mamá”).

Por suerte, después de independizarme y disponer de algo de dinero propio – y este punto merecería un post aparte- por fin pude materializar lo que siempre había querido: montar en mi propia moto y ver mundo, al menos todo el que mis modestas posibilidades en cada momento me permitiesen.

Y así fue: me saqué el carné, me compré una vieja moto, y empecé a rodar y a experimentar una de las mayores sensaciones de libertad que conozco -Los pequeños viajes con mi moto también merecerían un post aparte-

Y también empecé a viajar: Gran Bretaña, Marruecos, India, Nepal, Senegal, Nueva York, Italia, Alemania, Irlanda, Holanda, además de algunos rincones por España. Siempre con mi compañero de aventuras desde hace 15 años y siempre montándonoslo por nuestra cuenta, con un presupuesto ajustado, rebuscando ofertas, comparando precios, pero cumpliendo nuestros sueños. Siempre pensando que viajar no era tan caro, ni tan arriesgado si sabías cómo hacerlo.

“¿Y ahora qué? ¿Se acabó todo para mí porque voy a ser madre? ¿Me he muerto? ¿Si eres madre ya está prohibido hacer todas esas cosas?” ¿Por qué no compartir mi pasión con la personita más importante?

Han pasado casi dos años y medio de eso, y en este tiempo he aprendido algunas cosas. Sobre bebés muchas, pero sobre la vida algunas también.

Una de ellas y quizás una de las más importantes, es no ponerme limitaciones de otros.

Sí, es cierto que durante algo más de un año no he podido montar en mi moto. No es lo más recomendable para una embarazada, en eso no podemos estar más de acuerdo, pero…las lágrimas que solté sabiendo que era mi último paseo en moto, justo cuando me enteré de mi estado…se compensaron con las que solté un año más tarde cuando volví a cogerla de nuevo.

Era como si yo (mi yo “antes-de-ser- mamá”) hubiese vuelto y me hubiese reencontrado con él después de mucho tiempo, y después de vivir en el “caos” unas semanas. ¡Qué bien me sentó volver a ser solo yo por un rato!

Y luego vino nuestra filosofía sobre los viajes, que todo se resumía en un… ¿por qué no?

Si nosotros podemos ir, vamos a preocuparnos de nuestro hijo como nadie, y adaptamos el viaje a sus necesidades… ¿por qué no?

Si es algo que siempre nos ha hecho felices, y puede ser algo tan enriquecedor para los tres ¿por qué no?

Hemos ido aprendiendo a adaptar los viajes, los equipajes, los tiempos a ese nuevo integrante de la familia, y por supuesto no somos los primeros que lo hacen, ni los más atrevidos. Simplemente somos una familia común y corriente, como tantas, a las que le apasiona viajar y que pone todo su empeño para poder hacerlo, aunque la economía y el tiempo libre no siempre lo pongan fácil.

Y así empezamos a llevarnos a nuestro peque con nosotros, sin sentirnos malos padres, ni insensatos por ello.

Aquí empiezo a contarlo y si a alguien le sirve de algo o simplemente conseguimos animar a alguien a viajar más con sus peques, genial!

¿os ha pasado lo mismo ante el aluvión de comentarios que os llegaron en el momento de tener a vuestros hijos?¿hasta qué punto les habéis hecho caso? ¿habéis sacrificado vuestra pasión viajera?

 

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