JAPÓN NO SE PUEDE CONTAR Japón en familia

JAPÓN NO SE PUEDE CONTAR Japón en familia

¿Y por dónde empiezo? ¿Cómo cuento todo lo vivido en esos días? ¿De qué manera puedo expresar todo lo que ví, lo que sentí allí, lo que percibí a través de mis sentidos? ¿Cómo convertir en palabras, sensaciones nacidas en lugares tan lejanos, ajenos y a la vez tan unidos de alguna forma a mí? ¿Cómo resumir todo lo aprendido?

Es tremendamente difícil. Casi imposible.

Japón no se puede explicar del todo.

Puedo trasladar algunas impresiones, contar alguna que otra anécdota, enseñar cientos de fotos…pero lo que se queda conmigo; aquello que he vivido y que no se puede explicar; todo aquello que ha dejado huella en mí…sólo puede entenderse si se ha sentido. Si has estado allí.

La respuesta más fácil, cuando nos preguntan de pasada nuestras impresiones de Japón, es que nos ha parecido otro mundo. O podemos recurrir al tan manido: ” es un país de contrastes”, o hacer hincapié en lo educados y amables que nos parecen los japoneses en general….Sí, todo es cierto pero… se queda tan corto…

Han sido 15 días de sorprenderse con lo más cotidiano, quedarse boquiabierto en cada esquina, sentirse perdido y como en casa, varias veces en el mismo día… Fueron días tan intensos…

Hemos caminado por algunas de  las calles más transitadas del mundo. Casi nos volvemos locos en las ensordecedoras salas de juego tan típicas de allí. Hemos ido en un tren en hora punta, abarrotado, rodeados de ejecutivos trajeados. Hemos visto por la calle, personas de vestimenta estrafalaria y también personas vestidas con  kimono y yukata. Hemos visto samurais mostrando sus destrezas en la lucha, robots casi humanos y hasta a Mickey Mouse….

Pero es que también hemos acariciado ciervos en libertad; hemos contemplado el Monte Fuji; hemos acompañado a budistas durante su rezo en templos centenarios; hemos visto pasar ante nosotros coloridos desfiles celebrando festivales tradicionales. Hemos probado el pescado y la carne crudos más deliciosos de nuestra vida.

 

Hemos entablado amistad con algún anciano de edad indeterminada, sin intercambiar ni una palabra en el mismo idioma (pero sí cientos de sonrisas).

Hemos disfrutado de paisajes nevados, aldeas antiguas, bosques de bambú, de playas custodiadas por decenas de águilas, …

¿Cómo resumir todo esto? ¿Cómo explicar lo que sentimos en cada momento?

Hemos vivido días que parecían semanas, por la cantidad de experiencias, novedades y lecciones.

Sin duda, éste ha sido uno de los viajes, más intensos y emocionantes de mi vida…y es curioso, como a la vez, es también el viaje que más me está costando compartir.

Quizás hay una especie de resaca a la vuelta de un viaje así, que nos bloquea un poco. Quizás necesitamos algo de perspectiva, y dejar reposar durante unas semanas, en nuestra mente y en nuestro corazón, todo lo vivido. Quizás necesite macerar los recuerdos, desleirlos en mi memoria y así asimilar todo lo que hemos experimentado.

Quizás la rutina (accidentada) que nos esperaba a nuestro regreso, me ha engullido de tal forma en su espiral de tareas y prisas, que no he sido capaz aún, de respirar.

Quizás simplemente, necesito más tiempo, para encontrar las palabras adecuadas y no caer en la indecencia de no saber transmitir Japón como se merece.

Prometo, al menos, intentarlo.

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