KIOTO: UNA CIUDAD INESPERADA

KIOTO: UNA CIUDAD INESPERADA

JAPÓN EN FAMILIA

A pesar de que antes de iniciar nuestro viaje, ya sabía que Kioto había sido la capital de Japón durante más de 10 siglos, me la imaginaba diferente. No sé por qué, me había hecho una idea equivocada de la ciudad. Me la imaginaba acogedora, fácil de recorrer a pie, con templos y monumentos por doquier y con un ambiente rebosante de tradición y tranquilidad. En mi cabeza, las postales imaginarias que tenía de Kioto eran de un pueblo, de calles adoquinadas, grandes templos y habitantes de andar lento…

Y sí, Kioto tiene zonas donde puede parecerse mucho a esas fotografías mentales inventadas, pero la primera impresión que tuve al salir de la estación de tren fue completamente opuesta.

Primero porque la estación de tren era bastante más moderna de lo que imaginaba (es la segunda estación de tren en importancia del país), después porque una torre de estilo futurista nos recibió nada más salir a la calle, y por último porque para llegar a nuestro apartamento (en teoría, céntrico), necesitamos coger un taxi.

No es Tokio, cierto, pero tampoco era el pueblo monumental que esperaba. Se trata de una ciudad que alberga más de millón y medio de habitantes, ¿cómo no había caído en ese detalle antes de llegar? ¿Cómo podía esperar que fuese como un pueblo?

Es una gran ciudad, y muy turística. Su riqueza en patrimonio histórico y algunos de sus paisajes, así como su cercanía a otros puntos importantes como Nara o Fushimi Inari, hacen de Kioto una visita tanto o más imprescindible que Tokio, y eso es mucho decir.

La ciudad dispone de dos lineas de metro que la cruza de Norte a Sur y de Este a Oeste aunque lo más utilizado para moverse por la ciudad es el autobús. Sin embargo, en nuestro intento de seguir amortizando el gasto que habíamos hecho en el JR Pass, nuestra primera visita la hicimos a Arashiyama, donde sí se puede llegar con este bono.

ARASHIYAMA

Arashiyama es un distrito a las afueras de Kioto, en el que el río Oi y la montaña Arashi forman un paisaje de lo más evocador. Decenas de barcazas recorren un pequeño tramo del río, y cientos de personas recorren sus márgenes paseando, y cruzando de una orilla a la otra por sus puentes.

En una de sus orillas se encuentra el parque Iwatayama, uno de los reclamos del lugar, donde unos170 monos viven en semilibertad. Justo cuando nosotros llegamos, cerraba y no pudimos entrar.

En este distrito se encuentra también el famoso bosque de bambús.

El bosque es un recinto al aire libre, donde hay varios caminos que los visitantes pueden recorrer entre miles de bambús de gran altura. Éste fue uno de los puntos donde vimos más concentración de turistas. Aún así, mereció la pena entrar. Dentro hay algún pequeño santuario donde los budistas pueden rezar y hacer sus ofrendas, eso sí, sin ninguna intimidad…

Nosotros pasamos mediodía en esta zona, pero bien podríamos haber pasado el día entero, visitando alguno de sus templos, monumentos, y jardines.

Después de nuestro paseo por Arashiyama, decidimos volver a la estación de Kioto, y desde allí tomar un bus al barrio de Gion, el que dicen, es el barrio de las geishas.

GION

Habíamos oído que la mejor hora para visitar este barrio era antes de anochecer que es cuando las geishas acuden a los locales donde actúan, y así sería más probable cruzarse con alguna. Y eso hicimos.

No vimos ninguna geisha, es cierto, pero, igualmente… el barrio tiene un encanto especial. Esta fue la parte de la ciudad que más encajaba con mi idea de Kioto. Callejuelas peatonales estrechas, con sus pequeñas casas de té y tabernas de arquitectura tradicional, con farolillos en la puerta. Para que os hagáis una idea, es donde se situó la famosa película «Memorias de una Geisha».

Nos dedicamos a pasear con calma disfrutando del ambiente tan especial que se respiraba por aquellas calles, que se sitúan en frente del santuario Yasaka-jinja, alrededor del cual surgió todo este barrio.

Esta parte de la ciudad se encontraba a unos 20 minutos andando de nuestro apartamento, por lo que el camino de vuelta a casa fue un paseo de lo más placentero. Cruzamos el puente sobre el río Kamogawa, y admiramos las vistas al anochecer. Las terrazas al borde del río ofrecían un lugar privilegiado para cenar, o tomar algo. Por supuesto todas llenas de gente.

Nosotros decidimos seguir nuestro camino a casa y sin querer, cruzamos una de las calles más famosas de Kioto: Pontocho, donde se concentra el mayor número de restaurantes y tabernas en tan solo 600 m de estrechísima calle. Imposible encontrar sitio donde cenar en alguno de sus locales tradicionales (además de que eran bastante caros). La calle estaba atestada de gente, y el simple hecho de transitar por ella no resultaba nada fácil. Conseguir cruzarla con el carro del Pequeño Explorador fue todo un logro.

El día llegaba así a su fin. Un día intenso, lleno de descubrimientos, contrastes y sitios con muchísima historia.

Por supuesto, aún nos quedaba mucho por conocer de Kioto y también de sus alrededores. ¿Seguís con nosotros de viaje por esta maravillosa parte de Japón en el siguiente post?

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