MARRUECOS EN MOTO HACIENDO MEMORIA

MARRUECOS EN MOTO HACIENDO MEMORIA

Dejadme que para empezar os ponga en antecedentes (seré breve, lo prometo):

Mi amor por las motos nació cuando era pequeña. Nació en casa,  poco a poco. Más bien, semana a semana. Mi plan para los domingos por la mañana, no era otro que seguir las carreras de motos en TVE con mi padre. Escuchábamos con atención las narración del que ya parecía hasta un viejo amigo, Valentín Requena. Cuando la televisión mostraba todavía más respeto a la afición que al dinero.

En aquellos años, en los que la categoría “reina” eran las de 500cc y los patrocinios venían entre otros, de famosas marcas de tabaco. Aquellos años en los que los pilotos sabían de correr, de agallas y de mecánica, y no tanto de tecnología. Cuando los pilotos no eran niños, si no hombres no muy grandes pero fuertes y valientes (¿o inconscientes?). 

 A mis ojos infantiles, eran como una especie de superhéroes. Con el paso del tiempo, esa visión fantástica se fue, claro, pero permanece aún cierta admiración, y un amor por las motos que ya no se irá nunca.

Ese amor platónico fue creciendo con el paso de los años, y en cuanto pude, lo materialicé y, además de viajar como acompañante,  pude aprender a conducir y tener al fin mi propia moto. Con ella recorrí mis primeros kms, y realicé mis pequeñas hazañas personales (Vigo- Gijón//Madrid//Estoril) a lomos de mi incombustible GS500 del 96. Pasé miedo; pasé frío; me empapé bajo la lluvia; me dolió la espalda, las manos y el trasero, pero… fui tan feliz en esos pequeños viajes…

Y un año,  llegó lo que tenía que llegar: el gran viaje. El Sr. Majuve y yo decidimos que había que ir un poco más allá. Queríamos aventurarnos en otras tierras, donde el camino fuese desconocido, diferente y aún más enriquecedor. Y así, tomamos rumbo a Marruecos en una ruta de unos 5000kms en 7 días.

Cargamos nuestra Teneré  con algo de ropa, algunos recambios, un navegador por coordenadas prestado y mucha ilusión. Y siguiendo la Ruta de la Plata, al día siguiente de partir, después de recorrer los primeros 1000kms, llegamos a Tarifa, donde cogeríamos el ferry que nos llevaría a Tánger.

TENERÉ CARGADA PARA EL VIAJE

Y ahí empecé a entender muchas cosas. Sólo cuando haces ese pequeño viaje de unos minutos por mar y desembarcas en Marruecos, te das cuenta de lo cerca que estás, no solo de otro país, si no de otro mundo. Casi en un abrir y cerrar de ojos, te encontrabas de pronto en un continente que nada tenía que ver con el tuyo: el clima, el paisaje, la moneda, el idioma, la vestimenta, la religión, la comida,…. Todo era distinto.Era como si estuvieses al otro lado del planeta. Fue ahí cuando comprendí lo cerca que estamos de esa cultura que vemos tan lejana y ajena.

FERRY EXPRESS TARIFA-TÁNGER

Y empezamos la ruta: Tanger-Chefchouen-Fez-Er Rachidia-Ait Ben Hadou-Ouarzazate- Marrakech-Casablanca-Tánger.

Pasamos el Atlas, y sus bosques con monos asomando de sus árboles;  carreteras interminables; desfiladeros imponentes; pueblos en mitad de la nada, con mujeres de ojos tímidos y burkas negros en sus calles…Pasamos por ciudades donde el olor a especias, cuero y tierra lo inundaba todo.  Vimos algún encantador de serpientes y las cosas más increíbles a la venta en el suelo de la plaza Jemaa el-Fna (dentaduras postizas usadas, por ejemplo). Nos perdimos en los zocos, nos acostumbramos a oír la llamada al rezo desde algún minarete cercano cada día y fuimos testigos respetuosos del Ramadán.

CHEFCHAOUEN, EL PUEBLO AZUL
ZOCO CHEFCHAOUEN
MACACO DE BERBERÍA EN EL PARQUE NATURAL DE IFRANE (ATLAS)
TALLER DE TINTE Y CURTIDO DE PIELES EN FEZ
REBAÑO DE CIENTOS DE DROMEDARIOS AL BORDE DE LAS CARRETERAS
GARGANTA DE TODRA
GARGANTA DE DADES
CARRETERA CORTADA POR INUNDACIÓN (DE CAMINO AL DESIERTO)
MUJERES CON BURKA

Y el desierto.

40ºC de aire caliente y polvo que te impedía hasta sudar.

LLEGANDO A MERZOUGA

Y a nuestro alrededor un océano de arena hasta donde alcanzaba la vista. La inmensidad más absoluta.

Eres tan pequeño e insignificante en ese momento… Y llegas a preguntarte cómo es posible la vida en un sitio así.

SÁHARA

Recuerdo que en un arranque de atrevimiento, quisimos acercarnos demasiado a las dunas y acabamos, como era de esperar, atascados con la moto en la arena.

De repente, de la nada, algunos chicos e incluso niños, salieron a echarnos una mano para desenterrarla. Gracias a ellos logramos salir.

MOTO ENTERRADA EN UNA DUNA

Recuerdo también pasar miedo. Recuerdo salir a cenar a la terraza de nuestro hotel, a borde de las dunas, rodeados de una oscuridad profunda y sobrecogedora y de repente sentí  el aleteo de algo grande  muy cerca de mi cabeza. Murciélagos. No pude dar bocado. Ni siquiera sabía que eso podía pasar ¿pero es que hay murciélagos en el desierto? Ahora puedo decir rotundamente que sí y muy grandes.

KASHBA KANZ-ERREMAL (NUESTRO HOTEL)

Esas cosas te enseñan los viajes: lo sorprendente que es el mundo y la naturaleza y qué insignificante eres en ella.

Después de tantos kms recorriendo el país,te reafirmas además en tu creencia de que viajar es tremendamente valioso. Abres la mente, los ojos y el corazón y te das cuenta de que, por muy distintos que parezcamos, al final, todos somos personas, con las mismas preocupaciones y necesidades. Y que si lo pensamos, aunque parezca otro mundo… solo nos separan unos pocos kms de mar.

¿Habéis estado en Marruecos alguna vez? ¿Os parece un destino apetecible? Para nosotros, fue todo un descubrimiento.

*Si estás pensando en ir y quieres saber más  detalles de nuestra ruta por Marruecos, envíame  un correo y te doy más  información.

 

 

 

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