ERINDI: INOLVIDABLE ÚLTIMA NOCHE EN NAMIBIA NAMIBIA EN FAMILIA

ERINDI: INOLVIDABLE ÚLTIMA NOCHE EN NAMIBIA NAMIBIA EN FAMILIA

 

¿Conocéis el sonido que hace un león cuando ruge? Yo creía que sí, hasta que llegué a Erindi.

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Nuestra última noche en Namibia, tenía que ser especial.

Nuestros días en aquellas tierras llegaban a su fin, y ya sentíamos nostalgia de un viaje que aún estaba por terminar.

Sabíamos que nunca viviríamos un viaje igual. Podríamos volver, quizás, con suerte, pero…vivir la experiencia de conocer aquellos lugares por primera vez, era única e inolvidable. Por eso queríamos ponerle la guinda a una de las mejores experiencias de nuestra vida.

Nos negábamos a pasar nuestra última noche, en el primer hotel que encontrásemos de camino al aeropuerto. Teníamos aún algunas horas en el país, y no estábamos dispuestos a desperdiciarlas.

Y gracias a nuestros amigos en Namibia, no lo hicimos. Nos sugirieron, e insistieron en que para irnos con buen sabor de boca del país, no podía haber un plan mejor que quedarse la última noche en Erindi.

Y Erindi, fue el broche perfecto.

 

Erindi es una reserva privada donde puedes alojarte y hacer un safari similar al de Etosha, pero en una extensión mucho más reducida. Tiene varios alojamientos en el recinto, desde habitaciones de lujo a zona de camping . Nosotros, el que recomendamos es el de Camp Elephant. Este alojamiento consta de varios apartamentos/bungalows, que se disponen justo en frente de un waterhole. Esto lo convierte en el lugar ideal para poder ver de cerca animales que viven en la reserva.

APARTAMENTOS CAMP ELEPHANT (Imagen de ww.erindi.com)

Nada más llegar, aprovechamos la tarde para dar un paseo de un par de horas por la reserva, hasta que anocheció. En esas dos horas vimos tanta variedad de animales o más que en Etosha. Solo por esa tarde ya había merecido la pena alojarse allí.

Volvimos a cargar nuestras retinas de impresionantes estampas: elefantes a menos de metro y medio, familias de hipopótamos dándose un baño, un rinoceronte a pie de carretera…Conseguimos ver casi todos los Big Five finalmente. El broche al viaje no podía ser mejor….O sí…

Tan pronto acostamos al peque, después de cenar, decidimos salir a ver qué animales había en la charca, a unos metros del bungalow. Ya solo por la quietud del lugar, la luna asomando entre las nubes tímidamente, y la oscuridad que nos rodeaba, la noche resultaba absolutamente abrumadora. En la charca varios oryx, y algún ñu bebían o pastaban alrededor. Tan tranquilos, a tan solo unos metros de nosotros (sin ventanilla del coche de por medio). Era como estar en medio de una fotografía, de un decorado, de un documental,..

 

Estaba oscuro, salvo el waterhole iluminado tenuemente, había una quietud y una paz indescriptibles, pero no había silencio.  Había mucha más actividad tras las barreras de la zona en la que estábamos, de la que parecía. Multitud de sonidos irreconocibles para nosotros, se escuchaban a nuestro alrededor. Sonidos de aves que se alternaban con los de insectos; chillidos repentinos de algún animal; bramidos a lo lejos… Todo aquel  concierto espontáneo de la naturaleza, era la mágica banda sonora de aquella noche.

Podríamos habernos quedado toda la noche en vela, con tal de no perdernos ni un instante de aquello. No podíamos dejar de intentar capturar lo que veíamos con nuestras cámaras. Deseábamos recordar aquella noche para siempre, y dejar evidencias de que no había sido un sueño. Pero no. Aquel lugar no se dejaba fotografiar con facilidad.

Y en esas estábamos cuando de pronto, en un momento de silencio…lo escuchamos.

Al principio nos costó reconocerlo. Pero no podía ser otra cosa: el rugido de un león.

Gracias a que nuestra amiga en Namibia, que nos había intentado describir lo gutural y profundo que era en realidad el rugido de un león, pudimos identificarlo. Unos segundos más tarde volvimos a oírlo. En medio de la oscuridad. La piel se me erizó.  No sabíamos a cuanta distancia estaba, no sabíamos de dónde venía, pero se escuchaba potente y nítido.

No puedo llegar a describir exactamente cómo es el sonido que emite un león cuando ruge. Desde luego, poco o nada tiene que ver con el que todos tenemos en mente, como cabecera de muchas películas. Lo que sí puedo decir, es que resulta impactante. Es como si te paralizase. Creo que, además de sus zarpas, su velocidad o sus colmillos, es su rugido lo que resulta completamente aterrador para sus presas.

Si en Etosha, me había llevado una decepción con el león por su inactividad y las horas que podía estar durmiendo sin apenas moverse…en ese justo momento, entendí por qué, a pesar de todo, le llamaban el Rey de la Selva.

No podía haber puesto mejor final a nuestro viaje. No fue solo el rugido, fue la oscuridad llena de sonidos; la quietud que nos rodeaba; los animales que veíamos beber en el waterhole como si nadie los observase; todos los animales que habíamos visto aquella tarde…todo hizo que aquella noche fuese inolvidable. En ese momento no podía sentirme más viva y más feliz.

“¿Conocéis el sonido que hace un león cuando ruge? Yo creía que sí, hasta que llegué a Erindi.”

 

 

 

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