DE SUEÑOS Y CAMINOS CONCLUSIONES DE DOS ATEAS HACIENDO EL CAMINO DE SANTIAGO

DE SUEÑOS Y CAMINOS CONCLUSIONES DE DOS ATEAS HACIENDO EL CAMINO DE SANTIAGO

Si tienes algo en mente desde hace mucho; un plan; un lugar; una primera vez; una experiencia…HAZLO.

No estamos aquí para siempre y tu vida solo puedes construirla tú. Que, el día que te vayas, de todas esas cosas que te gustaría hacer, te queden las menos posibles sin tachar en tu lista.

Que solo te llevas contigo lo vivido, los recuerdos, lo que aprendes.

Lo material, no viaja al otro barrio.

Con estas ideas en la cabeza andaba yo el día que le propuse a mi mejor amiga si quería hacer el Camino de Santiago conmigo.

Una de esas cosas que quería hacer desde hace mucho. Esta vez, no sé por qué, quizás por todas esas razones que me rondaban, estaba decidida.

Siempre quise hacerlo y nunca había tenido la oportunidad. Así que dejé de esperar que la ocasión se presentase, y fui yo a buscarla.

El Camino no tenía para mí el más mínimo interés religioso. No era ésa mi motivación, ni mucho menos. No había hecho ninguna promesa, ni buscaba ninguna revelación espiritual profunda y metafísica.

Tenía dos objetivos muy simples y distintos.

El primero: conocer Galicia a través de sus caminos, montes y pueblos. Recorrer esa ruta, que históricamente ha atraído desde hace cientos de años a personas de todo el mundo, y atravesar mi tierra a pie, paso a paso.

El segundo: ponerme a prueba. Intentar superar un reto físico y mental que me hiciera sentir capaz de más.

Salimos de Tui, Camino Portugués, un domingo 12 de agosto bien temprano, desde nuestro hostal. Echamos a andar, después de recibir las indicaciones de las recepcionistas para llegar al inicio del camino.Ese día empezaba el primer y más duro día del camino. 2 etapas en 1 para reducir el número de días lejos del trabajo, de casa y de mi Pequeño Explorador.

Y empezamos a caminar.

Pasamos horas y horas caminando. Muchas de esas horas, solas. Subiendo montes, cruzando pueblos, bordeando ríos. Pasamos calor, nos mojamos bajo la lluvia, nos reímos, nos quedamos en silencio. La extenuación nos hizo creer que no llegaríamos.

Fue un día muy largo..pero llegamos.

35kms, 45000 pasos y 19 pisos subidos. Así nos lo resumía la tecnología cuando alcanzamos Redondela esa noche; rotas.

Arrastramos el cansancio de ese día todo el camino. Sí, fuimos un poco inconscientes, es cierto. No habernos preparado antes, y estrenarnos así en el camino fue una locura, y lo pagamos físicamente. Pero la satisfacción de haberlo logrado en esas condiciones fue tan grande que, la determinación para continuar al día siguiente fue aún mayor.

Seguimos haciendo kms cada día, ése era nuestro plan. Cargar nuestra mochila por la mañana, coger fuerzas en el desayuno, provisiones y echarnos al camino en busca de flechas amarillas y de vieiras doradas …y caminar.

Caminar. Caminar. Caminar.

Nos preguntábamos en este punto, de cansancio extremo y dolor muscular generalizado, por qué la gente se enganchaba al Camino. “¿Por qué repetirá la gente? Si esto es solo andar, andar y andar día tras día y que te duela todo..”

A medida que pasaban los días, lo fuimos entendiendo.

Pasamos por bosques y prados por los que solo se puede llegar a pie. Atravesamos montes que nos regalaron perspectivas desconocidas de nuestra ría. Bordeamos ríos de los que no había oído ni hablar. Pasamos por pueblos de dos calles y 4 casas…. Sin darnos cuenta, descubrimos rincones desconocidos de nuestra tierra, como quien abre una puerta secreta en el armario de su dormitorio y descubre un mundo nuevo y mágico tras ella.

El Puente de Rande

A lo largo del camino, aunque íbamos solas, y no queríamos que eso cambiase, muchas caras sonrientes, agotadas y llenas de ilusión, nos saludaban al pasar con un “Buen camino”. Como compañeros anónimos de viaje, compartiendo algo importante sin conocernos. Todos en un mismo “andar”.

Llegando a Caldas de Reis

Recuerdo especialmente a Andrés. Un hombre de casi 60 años, con su mochila de 14kgs a la espalda, durmiendo cada noche en su tienda de campaña desde hacía casi un mes. Había salido desde el Algarve. ¡QUÉ GRANDE ANDRÉS!…. (Y qué pequeñita yo).

El día que llegamos a Padrón, 4 días después de nuestra salida en Tui, de dos ateas, novatas del Camino y doloridas peregrinas como nosotras, salió el inesperado comentario que hace unos días, no se nos ocurriría pronunciar: “Qué pena que esto se acabe ya mañana, ¿no? Al final esto del Camino…sí que engancha. ¿Repetimos el año que viene desde otro lugar?”

“POR SUPUESTO”

PD. Ni decir tiene que estas mismas dos ateas, novatas del Camino, y doloridas peregrinas, no pudieron contener la emoción al concluir el camino en la plaza del Obradoiro y, ver la Catedral. Siempre me había parecido una maravilla. Ese día…más. Y contemplarla, después de todo, rodeados de peregrinos llegados de todo el mundo, emocionados como nosotros, con caras de felicidad y de haberlo pasado mal a la vez….Es indescriptible.

“A Compostela se acerca uno, como quien se acerca al milagro” Álvaro Cunqueiro.

 

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