DE AVENTURA EN ANDALUCÍA: VIAJANDO EN AUTOCARAVANA POR PRIMERA VEZ (II) SEVILLA-HUELVA-ROCÍO

DE AVENTURA EN ANDALUCÍA: VIAJANDO EN AUTOCARAVANA POR PRIMERA VEZ (II) SEVILLA-HUELVA-ROCÍO

PLAZA DE ESPAÑA

Llegamos a Sevilla en casi dos horas. Después de valorar si dejar la autocaravana en un aparcamiento habilitado de pago que hay antes de entrar en la ciudad, (bastante alejado), decidimos probar suerte y buscar aparcamiento al estilo convencional. Al cabo de un rato de entrar en la ciudad, ¡bingo! Una plaza de aparcamiento al lado del Parque de María Luisa. Al lado de la acera, pero suficientemente amplio y sin ninguna señal cerca que indicase que no se podía aparcar.

No estábamos muy ubicados, pero por lo que veíamos en internet, el parque era enorme, y pasear con el peque por allí nos pareció una buena idea. Y vaya si lo fue. Justo en la entrada al parque más cercana a donde estábamos había un pequeño parque infantil con un tren de madera tamaño niño.. ¡con lo que le gustan los trenes!

Allí nos pasamos un buen rato, y después empezamos a pasear por el parque. La verdad es que no me sonaba nada el parque, y sin embargo a medida que nos adentrábamos en él, descubrimos que puede que fuese uno de los rincones con más encanto de la ciudad. Era como un oasis de paz en la gran urbe, con el sonido de los pájaros de fondo, gente paseando a pie, en bicicleta, en patines, pequeñas fuentes  en algunos rincones, diferentes tipos de planta y flores y lo que más le gustó al peque: ¡los coches de caballos! Llegamos a la Plaza de España. Era enorme, con sus azulejos nombrando todas las provincias españolas, con sus arcos, sus puentes sobre un pequeño canal en el que se puede dar un paseo en barca. Aquella plaza es una maravilla arquitectónica, donde se apreciaba el cuidado que se había puesto en cada detalle. Allí terminaban o empezaban muchas de las rutas a caballo. ¡Nunca habíamos visto tal concentración de coches de caballos!, estaban por todas partes. Creo que el pequeño explorador nunca había visto tantos caballos juntos hasta entonces.

Por supuesto nos hicimos unas fotos al lado de los caballos, pero la verdad es que aunque el paseo tenía que ser precioso, creo que el precio rondaba los 60 euros, y no nos animamos a subir.

Una vez que llegamos al otro extremo del parque, estábamos ya a un paso del centro histórico, por lo que ir a pie era también una buena opción (y mucho más barata). Llegamos a la Catedral de Santa María con su Giralda.

LA GIRALDA
LA GIRALDA

Había gente por todas partes pero se podía andar sin problema. Descubrimos que Sevilla tiene tranvía (me avergüenzo de nuevo por mi ignorancia) y después de un largo paseo como aquel, decidimos que era buen momento para parar a reponer fuerzas.

Gracias al consejo de una pareja de policías que nos encontramos, descubrimos un sitio genial para esa parada técnica: el bar HIJOS DE E. MORALES.

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El sitio era increíble. Al entrar sentías que retrocedías en el tiempo, y que aquel bar estaba tal cual lo habían abierto muchos años atrás. Y así era, como nos confirmó uno de los camareros. El bar lleva abierto desde el año 1850, y lo más sorprendente de todo es que ha pertenecido siempre a la misma familia, ¡menudo mérito! Ese bar había pasado varias guerras, una dictadura, y por supuesto varias crisis económicas. Y ahí seguía. Sin duda el encanto del local era que conservaba casi todo el mobiliario de la época. Podías ver la barra de madera maciza, cuadros anunciando productos de la época, recipientes ahora decorativos que se usaban antes para los vinos y licores..y en la parte de atrás (lo que vendría siendo antes la bodega), tinajas gigantes donde antiguamente almacenaban el vino.

Quizás no sea el sitio más amplio, y con los mejores platos, pero desde luego se pueden saborear buenas tapas, a un precio correcto y eso sí, en un ambiente único.

INTERIOR DE CASA MORALES
INTERIOR DE CASA MORALES
ANTIGUAS TINAJAS PARA ALMACENAR EL VINO
ANTIGUAS TINAJAS PARA ALMACENAR EL VINO

Se nos hizo de noche allí, y la verdad es que después de la caminata de ese día, volver de nuevo a la autocaravana andando no era una opción, así que cogimos un taxi y en unos minutos estábamos de nuevo en nuestra “casita en un camión”. Qué gusto, es como entrar realmente en tu casa, sólo nos faltaba ponernos las pantuflas..

Empezamos a rodar en busca de algún sitio donde pode pernoctar, ahora sabiendo ya que hacerlo al lado de la carretera no era la mejor opción. Al final, entre las horas que eran, y que teníamos que repostar acabamos durmiendo en el aparcamiento de una gasolinera saliendo de la ciudad. Teníamos dudas de que nos pudiesen decir algo, pero si para pasar la noche la autocaravana se consideraba prácticamente un coche, ¿por qué no?. Y allí nos quedamos. Al cabo de un rato una pareja de argentinos también en autocaravana decidieron hacer lo mismo, y parar a nuestro lado a pasar la noche (es que el que primero aparque…allá que vamos todos después). Y la verdad es que descansamos perfectamente.

A la mañana siguiente, después de desayunar, empezamos el tramo del viaje más largo: Sevilla-Huelva (Isla Canela para ser exactos haciendo frontera con Portugal). El camino sinceramente  se me hizo algo largo. A Huelva no tardamos mucho en llegar pero Isla Canela…queda justo en el extremo de la provincia, y al ser una zona de marismas y humedales, las carreteras eran más bien estrechas y bastante sinuosas. Pero merecía la pena; íbamos a ver a un amigo que lleva viviendo allí varios años, y que aún no habíamos ido a visitar. Gracias a su mujer, que fue nuestra compinche… ¡menuda cara se le quedó! No se lo podía creer..

Allí nos pasamos el día con ellos en la urbanización en la que veranean, disfrutando de la piscina, de una comida con su familia, hablando y hablando y ya por la noche, nos fuimos a comer unas tapas al pueblo de Ayamonte. Es un rinconcito de España en la que disfrutar sin agobios del clima y de la gastronomía del sur.

Después de agradecerles su hospitalidad y de pasar un día estupendo con ellos, nos fuimos a dormir a un sitio que ellos mismos nos recomendaron: El Rompido. Al ser de noche no pudimos apreciar muy bien el sitio. Era un aparcamiento muy tranquilo, cerca de un pequeño puerto con un faro. La verdad es que era un sitio perfecto para descansar.

A la mañana siguiente, me desperté algo temprano y mientras los hombres de la casa aún dormían, me fui a dar un paseo, a reconocer la zona….

VISTAS A 10 METROS DE LA AUTOCARAVANA EN EL ROMPIDO (COMIENZO DEL PASEO)
VISTAS A 10 METROS DE LA AUTOCARAVANA EN EL ROMPIDO (COMIENZO DEL PASEO)

Para mi sorpresa, lo que había al final del parking era el principio de un paseo de madera por encima de un humedal, ¡qué sitio!. Sin pensármelo dos veces empecé a caminar, a disfrutar del paisaje, de las vistas, de la tranquilidad. De vez en cuando me topaba con alguien corriendo, o en bici, o dando un paseo matutino como yo.. ¡qué paisaje!

PASEO POR LAS MARISMAS DEL RÍO PIEDRAS
PASEO POR LAS MARISMAS DEL RÍO PIEDRAS

Al rato, estaba yendo a buscar a mis chicos para pasear con ellos por allí y que vieran lo que acaba de encontrar. En uno de los puentecitos que pasan por encima de la marisma había cientos de cangrejos semi-enterrados en el fango, y según lo que ponían los carteles informativos que nos íbamos encontrando, aquello era toda una reserva natural de aves, peces y crustáceos.

MARISMAS DEL RÍO PIEDRAS
MARISMAS DEL RÍO PIEDRAS

Esa mañana de nuevo, nos dimos cuenta de los descubrimientos y de la libertad que te brindaba viajar así,  con la casa a cuestas, hacer kilómetros y parar donde surgiera, sin prisa, sabiendo que si necesitas comer, descansar, cambiarte de ropa, o lo que sea, lo llevas todo contigo. No hay prisas, no hay plan, no hay horario de entrada ni de salida…es simplemente genial.

Después del paseo, cogimos de nuevo el volante y pusimos por fin rumbo a la playa. Decidimos parar en Punta Umbría, y la verdad es que fue una buenísima elección. La playa es estrecha y kilométrica. Al lado pasa la carretera (de hecho la arena invadía bastante el asfalto), y al otro lado de la carretera se podía aparcar sin problema, así que..allí nos plantamos. Bajamos en bañador, con la crema, las toallas y la sombrilla y listo. Estuvimos tomando el sol y bañándonos un par de horas. Y como ya era la hora de comer pues…nos fuimos a casita a comer. ¡ Qué lujo! Aquello era como tener un apartamento en primerísima línea de playa.

Después de comer, seguimos con nuestra ruta. Como queríamos más playa, paramos en Mazagón. La playa ya era más grande, el agua estaba buenísima también y pasamos una tarde genial, recopilando conchas preciosas de todos los colores, que al menos en nuestras playas no suelen verse.

PLAYA DE MAZAGÓN
PLAYA DE MAZAGÓN

Nuestro idea era recorrer la costa para llegar de nuevo a Málaga. Iríamos parando donde surgiera, pero teníamos claro que queríamos parar en algunos sitios como Caños de Meca y Zahara de los Atunes antes de llegar a nuestra querida Tarifa. Lo que no teníamos previsto, pero decidimos incluir en nuestro planning por consejo del encargado de “Caravanas Seyla”, que también era del norte pero vivía en Málaga desde hacía años y dijo que era impresionante, era visitar el Rocío.

Según él, era como estar “en otro mundo o en otros tiempos”, como “viajar al lejano oeste” Y sí, podemos dar fe de que no exageraba. Una vez más por desconocimiento geográfico,- y de cultura general, lo admito-, yo no sabía que el parque de Doñana no se podía atravesar en coche. No sabía que habría que rodearlo para poder seguir nuestro camino, y por esa razón, el Rocío nos quedaba bien situado. Llegamos a última hora de la tarde, y una vez llegué empecé a entender todo lo que había estado viendo por la televisión sobre el Rocío y su famosa, multitudinaria y tan sentida peregrinación.

CALLE EN LA ALDEA DEL ROCÍO
CALLE EN LA ALDEA DEL ROCÍO

La Ermita del Rocío no es muy grande. Es blanca y resplandece en medio de un pueblo minúsculo de pocas calles de pequeñas casas bajas, donde la tierra y el polvo sirven de asfalto, justo al pie del Charco de la Boca, parque de Doñana (de ahí que a la virgen también la llamen La Reina de Las Marismas). Sus casas la mayoría reconvertidas en pequeños negocios de hostelería y de venta de trajes de flamenca y de corto, o que servían de segunda residencia , tenían en su puerta troncos en horizontal a la altura de la cintura, donde los jinetes pueden atar sus caballos (sí, como en las películas del oeste). Desde luego el lugar era ideal para desplazarse a caballo y como nos habían dicho, era un lugar difícil de describir y que merecía la pena ver en “directo”.

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ERMITA DE LA VIRGEN DEL ROCÍO

Alrededor de la Iglesia, había varias capillas y locales que albergaban parte de las distintas cofradías encomendadas a la virgen del Rocío. Muy cerca de la Ermita, había un edificio bajo, y bastante alagado que servía como lugar para poner velas a la virgen. Es decir la estancia entera de lo que podría ser una casa estaba acondicionada, con extractores y todo, para que se pudieran poner en su interior cientos de velas. Nunca había visto nada igual.

VELATORIO
CAPILLA VOTIVA

Puedes ser creyente o no, pero desde luego el aire que se respira en ese lugar que parece detenido en el tiempo, es único.

Ya era tarde y no teníamos ni idea de dónde íbamos a dormir, así que al final, decidimos quedarnos por primera vez en un camping, justo allí, en la entrada del Rocío, en el camping La Aldea. Así pudimos cenar, descansar, y vaciar y rellenar todos los depósitos de agua que lleva la autocaravana cómodamente. El camping nos salió por unos 15 euros. Luego supimos que ese precio, al menos en la Costa del Sol, era completamente imposible de encontrar en otros campings. Por esto éste fue en el único en el que pasamos la noche.

Al día siguiente comenzaríamos nuestra siguiente etapa rumbo a la Costa del Sol.

 

 

 

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